El trabajo es el segundo lugar donde pasamos más tiempo de nuestra vida, y aunque este es muy importante para ayudarnos a alcanzar nuestras metas, no debemos dedicarle cada minuto o pensamiento, ya que puede acabar con el balance entre vida y trabajo y disminuir significativamente nuestra salud y rendimiento en el mismo.

La empresa o lugar de trabajo es en parte responsable de este equilibrio, brindando a los colaboradores ciertos beneficios y procurando que las tareas otorgadas a estos puedan cumplirse en el horario laboral establecido, para así evitar cargas fuera de la oficina.

Lo que esto permite es que las personas valoren el lugar en el que trabajan y desempeñen sus funciones con una actitud más proactiva, ya que reconocen que si le ayudan a su empresa, ésta también les ayudará a ellos.

Y aunque esto puede leerse a veces como una misión imposible, aquí le ofrecemos algunos trucos sencillos que puede empezar a aplicar en su vida poco a poco.

•Elimine el perfeccionismo
Lo que sucede especialmente en las generaciones más jóvenes que se ven altamente comprometidas con su trabajo y dado que hacen esto en una edad temprana, lo llevan consigo el resto de su vida laboral. Según Forbes, la clave está en eliminar esta característica de su forma de trabajo.

No por ello significa que se vuelva mediocre, por el contrario, es lograr realizar la tarea que le han encargado, de la forma como se lo han sugerido, logrando los resultados esperados. Pero si no se trata de algo que realmente marque la diferencia en su vida laboral, no es necesario que se desgaste por completo excediendo sus capacidades.

Esto, más aún, porque el perfeccionismo conduce a actitudes que pueden afectar su vida personal: el estrés, especialmente.

• Desconéctese
Haga caso a la premisa “deje el trabajo en el trabajo”. A no ser que le paguen para estar siempre pendiente y conectado por completo (y eso), cualquier contrato define unas características de horario o de horas trabajadas a la semana, a las que debe prestar atención.

• Sepa decir “no”
Desde que ingresa a un trabajo, conozca muy bien sus funciones y el alcance de ellas porque, de lo contrario, la carga cada vez puede ir aumentando sin que usted lo note a primera vista. Fuera de horarios laborales no es necesario que conteste a llamadas o mensajes, a no ser que tengan un carácter de urgente y usted lo sepa.

Para ello, no hay necesidad de ser grosero o antipático, sino simplemente considerar y recordar cuáles son las funciones por las que lo contrataron en qué puede ayudar y en qué se debe limitar.

• Establezca límites
Esto lo puede hacer de dos formas: desde el momento en que ingresa a un nuevo trabajo o cuando empiezan a darse las situaciones. Lo que le permite esto es establecer y que los demás reconozcan sus prioridades: lo que es importante, lo que le brinda alegría y satisfacción y lo que le permita crecer en todos los aspectos.

Una de ellas es que, al desconectarse, no podrá responder nada de forma inmediata y al siguiente día, cuando le pregunten, excúsese y comente su situación. Así pueden ocurrir más ocasiones y poco a poco las personas entenderán que su tiempo personal, realmente es personal.

Ahora, si se trata de alguna urgencia, comente que estará disponible sólo a través de un medio particular (sea mensajes de texto o llamadas telefónicas). Esto pondrá en advertencia a quienes trabajan con usted de reconsiderar si lo que ellos llaman “urgente” es realmente urgente.