Vale la pena hacer un recorderis de las compañías que cesaron operaciones en Colombia y trasladaron su sede a otros países: Chiclets Adams (multinacional Mondelez) cerró cuatro plantas en menos de dos años, aduciendo que por el TLC con México, es más rentable producir desde allá y exportar a Colombia por las reformas tributarias.

A mediados del 2013, Icollantas – Michelin termina su actividad industrial en Chusacá (Cundinamarca) y en Cali. En el mismo año, Bayer decidió trasladar a México y Guatemala la operación de la fábrica que tenía en la capital del Valle del Cauca (Aspirina- Alka-seltzer); igualmente lo hizo a finales de 2014 la Compañía Colombiana Automotriz (CCA), cerrando su planta en Bogotá donde ensamblaba los vehículos Mazda. Una vez más, optaron por realizar sus operaciones en México.

A primera vista parece que estuviéramos antes un proceso de desindustrialización. Pero hay una realidad y una razón común que explica por qué esas multinacionales decidieron cerrar sus puertas en Colombia. El país dejó de ser atractivo para su inversión. En su determinación se impuso la lógica de los negocios: localizarse donde se obtiene mayor rentabilidad, hay economías de escala y ventajas competitivas. Y todo indica que eso está en México.

Con el tratado de libre comercio con ese país, los productos quedaron libres de aranceles, lo que significa que para una industria manufacturera podría resultar más favorable, cerrar en el país y despachar sus productos desde México donde encuentran economías de escala y menores costos logísticos y laborales.

El banco mundial considera que uno de los mayores atractivos de Colombia es su macroeconomía estable, bien manejada y con perspectivas muy positivas. Sin embargo, el Ministro de Hacienda reconoce la dura realidad y es que la carga tributaria de Colombia es alta. Y aquí es donde el tema se pone candente. Las dos anteriores reformas tributarias fueron la gota que rebosó la copa de la competitividad en Colombia. El régimen de impuestos actual ha dejado en desventaja a las empresas colombianas frente a los otros países.

Colombia se abrió al mundo con la firma de muchos tratados comerciales (los productos entran con mayor facilidad y hay que competir con ellos) y la legislación tributaria no se acomodó a esa nueva realidad. Sumando todos los impuestos (nacionales y locales) una empresa paga en Colombia una tasa efectiva del 75.4% sobre la utilidad neta, mientras que en México alcanza el 52%. En la región, peor que Colombia solo están Argentina y Bolivia.

El gobierno colombiano tiene que tomar rápidamente los correctivos necesarios frente al régimen tributario para que las empresas no decidan localizarse en otras partes donde tienen mayores ventajas. En una encuesta llevada a cabo recientemente entre 253 empresas que representan el 18% del PIB, la industria manufacturera es la que tiene la mayor carga impositiva (77%) seguida por el sector minero con el 72%.

Recordemos que una empresa cuando llega a la utilidad final, para descontar el impuesto de renta, CREE o impuesto a la riqueza, ya ha tenido que restar una cascada de impuestos locales como el predial o el ICA.

Otra encuesta realizada entre 153 compañías (las de mayores ventas), mostró que para el 91% de los consultados el CREE (impuesto a las utilidades) ha tenido un efecto negativo; y para el 100% el impacto más dañino corre por cuenta del impuesto a la riqueza (antes patrimonio).

El país necesita una reforma en el sistema tributario que fomente la inversión y el crecimiento. Dado que las tasas del impuesto a la renta de las empresas son demasiado altas y que el impuesto al patrimonio penaliza aún más la inversión, se sugiere reducir las tasas del impuesto a la renta empresarial. Así mismo, el impuesto a la riqueza ha sido un desestímulo, pues hay proyectos que requieren entre tres y cuatro años para entrar en producción, pero mientras tanto generan un gasto. Es decir, se castiga la inversión que todavía no es productiva.

No hemos considerado dentro de este análisis el famoso cuatro por mil que golpea fuertemente a las compañías grandes, medianas y pequeñas. Este impuesto está vigente de manera temporal desde el año 1998, durante el gobierno de Andrés Pastrana, cuando el país atravesaba una crisis financiera. Recordemos que se estableció para darle apoyo al sector financiero y sin embargo continúa vigente.

El sector empresarial espera que la misión de expertos que estudia en este momento el tema tributario, con miras a una próxima reforma estructural, propongan cambios que alivien la carga para las empresas. Sin embargo la caída del precio del petróleo, se convirtió en un factor circundante externo que no se había contemplado y ha ocasionado un hueco en las finanzas públicas, que como siempre se resuelve exigiendo mayores impuestos al sector empresarial.

n4Humberto José Fernandez Paz
Presidente BKF INTERNATIONAL S.A.

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