Tal vez en algún momento de tu vida, ayer o hoy, has dejado a un lado algo que tenías que hacer y no por pereza, es por ese “algo” que no entiendes qué es, ni sabes cómo se llama, pero hace que tu mente se disponga a dejar las cosas para después.

A esa acción de aplazar las cosas, es lo que se llama: Procrastinar. Este término que viene del latín cras (que significa mañana), es como un impulso que anima a dejar alguna responsabilidad o tarea para hacerla después, para hacerla mañana o tal vez para no hacerla nunca.

Como dicen por ahí, como buen colombiano deja todo para lo último. Según este dicho, a la mayoría de los colombianos nos gusta procrastinar. Posponer responsabilidades y tareas por otras más gratificantes es más usual de lo que te imaginas, en un día podemos procrastinar muchas veces.

Sin embargo, aplazar los deberes que tenemos pendientes puede traer sus ventajas y desventajas. Cuando procrastinamos, podríamos tener más tiempo para planear mejor las cosas, o sobre el tiempo y en el último minuto podría estallar tu creatividad y hacer las cosas mejor de lo que esperabas, pero puede que no todo salga tan bien ya que tal vez sigas procrastinando y nunca hagas las cosas que tienes pendiente, hacerlas mal o incompletas por dejarlas para última hora.

Cuando procrastinas no tienes control ni disciplina, y te enfocas en tareas que son menos importantes, incluso te vuelves amigo de lo incompleto, de no lograr metas ni resolverlas, sin priorizar responsabilidades. Esta actividad también puede generar estrés, ansiedad o impaciencia en la persona que lo practica a menudo.

Esta mala costumbre, que cada vez se hace más frecuente en las personas, es enemiga de la productividad y la eficacia, sólo está llena de excusas para no resolver los pendientes, así que, si tú estás procrastinando en estos momentos, es mejor que termines aquello que tienes por entregar, alcances lo que te propones, y finalices tus tareas a tiempo, para que procrastinar no se te convierta en un hábito.