Las PYMES, constituidas en su mayoría por grupos familiares, representan aproximadamente el 96.4% de las unidades de negocio en el panorama empresarial colombiano. Pero, a pesar de representar una cifra tan alta, este tipo de estructuras económicas generalmente se caracterizan por su predisposición al cambio, a los retos del mercado y, aún más, a la implementación de políticas empresariales; resultado de ello es el débil y desorientado logro de los objetivos y estrategias organizacionales.

Generalmente las empresas confunden las políticas con las normas o con las reglas, estableciendo lineamientos rígidos que no dan lugar a la toma de nuevas decisiones y promoviendo procesos repetitivos que no generan análisis ni oportunidades de mejora. De este modo, las empresas que no cuentan con políticas claras y altamente difundidas, incurren en costos por pérdida de tiempo y dinero debido a la falta de criterio para tomar decisiones puntuales en momentos coyunturales.

Como punto de partida debemos entender la definición de este término. La palabra “política”, que proviene del griego polis, significaba ciudad; años más tarde se define como el arte o ciencia del gobierno de un grupo humano de cualquier naturaleza, tanto de una organización o empresa. Así, “las políticas son planteamientos generales o maneras de comprender que guían o canalizan el pensamiento y la acción en la toma de decisiones de todos los miembros de la organización” (Koontz y O’Donell, 1972).

Por lo tanto las empresas, más allá de vender, deben preocuparse por crear una buena imagen de marca, creando lineamientos de gestión del negocio y cuidando aspectos relacionados con la percepción, la cual debe ser positiva y fácilmente identificable por cualquier persona tanto a nivel interno como externo.
Según lo anterior, es posible afirmar que toda política empresarial está basada en la misión, cultura y estrategia gerencial de cada organización estableciendo los lineamientos necesarios, tanto para la gestión de la empresa como para la toma de decisiones a todo nivel, brindando los criterios para la continuidad, desarrollo y control de la planificación estratégica y sus respectivos procesos empresariales.

De este modo, es importante que los directivos motiven la generación de estas políticas las cuales, además de ser acogidas, deben dirigir la actuación de la empresa basándose siempre en los valores de la misma y ajustándose tanto a su realidad organizacional como a las expectativas de sus clientes. Por lo tanto, teniendo en cuenta que las políticas pueden tener tantos niveles y áreas como la organización posea, es indispensable consignarlas por escrito para que siempre estén disponibles para todos aquellos a quienes van dirigidas (trabajadores, socios, clientes, proveedores, entre otros), contribuyendo a cohesionar la organización para el cumplimiento de los objetivos estratégicos.

En este entorno la velocidad del cambio exige nuevas habilidades por parte de los gerentes, quienes en su tarea de liderar el capital, la tecnología y, sobre todo, el talento humano de la empresa, deben crear lineamientos correctos para la toma de decisiones y para direccionar a los agentes que intervienen en cada proceso, ya que a través de políticas efectivas se logra hacer lo indicado en el momento preciso y con control absoluto de la situación, generando confianza para todos.

Finalmente, es importante puntualizar que las políticas empresariales que son elaboradas y se guardan en el archivo nunca cumplen con la misión origen, por lo cual deben ser revisadas y actualizadas periódicamente para evitar caer en la rutina, los reprocesos y la súper especialización de las actividades.