Hace mucho tiempo venimos haciéndonos los de la vista gorda con el tema del agua. A pesar de que en repetidas ocasiones y en las principales ciudades del país hemos tenido que soportar cortes momentáneos del servicio de acueducto, seguimos creyendo que la problemática de los recursos hídricos es problema de otros.

Por años hemos sido un país privilegiado por nuestras bastas fuentes de agua, pero tanta dicha está empezando a mermarse por diversos factores, el más importante de ellos, la mano del hombre. Para nadie es un secreto que el calentamiento global que hoy tiene el clima del planeta enloquecido es una consecuencia del accionar de nuestra especie a lo largo de miles de años. Pero lo triste no es eso, lo verdaderamente desconsolador es que pese a que todos lo sepamos, que estemos cansos de verlo en las noticias, en especiales de televisión y cuanto medio existe, no hemos interiorizado que la cosa es con nosotros, y que si alguna vez pensamos que la escases estaba muy lejos de tocar nuestra puerta, hoy sin duda alguna es un hecho cercano.

La empresa por supuesto no es ajena a esto, y las consecuencias del grave estado de los principales ríos del país ya han hecho mella en sus costos logísticos. El río Magdalena, está en sus niveles históricos más bajos, tanto así que paradójicamente la sequía ha incrementado la afluencia de turistas que llegan masivamente a ver las llamadas “playas del magdalena”; kilómetros de arena donde alguna vez hubo un caudaloso río, que ahora se ha convertido en el lugar propicio para los estaderos, donde se va a comer y beber a diestra y siniestra.

Por supuesto que en semejante desierto es imposible mover las toneladas de carga que suelen transitar por el río más importante del país, e incluso en los pasos donde todavía mantiene algo de profundidad, el paso debe ser restringido de tal manera que no quede ningún barco encallado y empeoré los trancones que llegan a durar varios días en el agua. Los sobrecostos por la demora en los tiempos y por la necesidad imperiosa de dividir las cargas en diferentes buques, son altísimos. No hay que ir muy lejos para tener un ejemplo claro. Ecopetrol ya anunció que debido al bajo caudal no le está siendo posible transportar el crudo entre la refinería de Barrancabermeja y la de Cartagena. Según el director de Cormagdalena (Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena) Luis Mendoza, Ecopetrol tiene la capacidad de transportar un millón de barriles entre las mencionadas refinerías, pero en diciembre solo logró mover trescientos treinta mil.

El problema entonces no solo afecta al pescador que después de vivir años de ese oficio, ya no logra hacerse a nada; tampoco es exclusivo de quienes viven en lugares donde hace años no cuentan con agua; sería aún más tonto pensar que el problema se limita a las futuras generaciones. El problema ya está aquí y dependerá de lo que hagamos ahora la posibilidad de retrasar un poco más las inexorables consecuencias de nuestra ceguera. Una vez más el empresario tiene en sus manos la posibilidad de impactar el país, estableciendo políticas responsables del manejo del agua y el cuidado del medio ambiente que tengan un impacto real en el mismo. Los invito entonces a que hagamos la diferencia.

 

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Cordialmente,
Maria del Mar Montes Velásquez
Directora Editorial El Indicador
m.montes@bkf.com.co

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