En esta ocasión conversamos con el Dr. Francisco José Lloreda, actual presidente ejecutivo de la Asociación Colombiana del Petróleo, quien nos dio un balance sobre cómo le fue a esta industria el año pasado y cuáles son los retos que está lista para enfrentar en este 2017.

¿Cómo le fue a la industria petrolera durante el 2016?
Francisco José Lloreda
› Fue un año muy difícil, no solo por la caída de los precios internacionales, que pareciera haber tocado fondo obligando a todos a ajustarse, sino por el impacto en la economía.

Esta industria llegó a aportarle al país alrededor de 32 billones de pesos al año a través de impuestos, regalías, dividendos, y derechos contractuales; sólo por concepto de impuestos dejó de aportar el año pasado más de $24 billones a la nación. De igual modo las regalías cayeron a menos de la mitad generando un impacto gigantesco en las regiones. Lo anterior obligó a la industria a contraerse y al gobierno nacional y las regiones a ajustarse.

En medio de la crisis mundial ¿cuáles estrategias implementadas por los demás países podríamos tomar como ejemplo para el nuestro?
Francisco José Lloreda › El petróleo a través de su historia, como otros commodities, ha sido volátil y de ciclos, pero la impresión que tenemos es que el último ciclo ha sido diferente a los demás. Y es distinto porque estamos ante una nueva realidad del sector donde hay más jugadores, muchísimo hidrocarburo listo para ser extraído y donde ante cualquier incremento en los precios automáticamente se activa una sobreoferta que presiona los precios hacia abajo.

Ante esa realidad petrolera el Ministerio de Minas y la Agencia Nacional de Hidrocarburos tomó unas medidas adecuadas en materia de flexibilidad contractual y las empresas no han tenido más opción que apretarse el cinturón. En lo fiscal el escenario ha sido más complejo; se ha procurado compensar la caída de la renta petrolera con dos reformas tributarias.

Lo que otros países hicieron, que considero importante, fue que muy rápidamente tomaron medidas de carácter fiscal para no perder competitividad. Eso lo hizo el Reino Unido, Perú y otros países inmediatamente la competencia por la inversión privada a nivel mundial se volvió feroz. Ahí yo creo que algunos países ya nos han tomado ventaja.

Quedan 6 años de reservas y un latente riesgo de perder nuestra autosuficiencia petrolera. Ante este panorama ¿cómo se verían afectadas nuestras finanzas estatales, empresariales y personales?
Francisco José Lloreda
 › Es muy triste que, sin ser un país petrolero pero teniendo petróleo y gas, esté en riesgo nuestra autosuficiencia en materia de hidrocarburos. Estamos ad-portas de importar gas y en petróleo 6 años de reservas probadas es muy poco; es un abrir y cerrar de ojos en esta industria. Si las cosas no cambian, y no se dispara tanto la exploración como la producción, a partir del año 2022 tendremos que estar importando crudo para poder cargar nuestras refinerías, ya que en esta industria es necesario sembrar para cosechar y los tiempos de cosecha son muy largos, de años, y es ahí donde si no se siembra a tiempo tardamos mucho en ver resultados.

Eso explica que el año pasado la producción haya caído más de 150 mil barriles, es decir más del 15% comparado con lo que fue el pico más alto de producción en el año 2015; fueron 200 mil barriles de caída, es decir 20% de la producción. Y además, que la exploración se haya venido al piso pasando de 131 pozos exploratorios a nueve; una cifra preocupante.

Fuimos uno de los países que perdió mercado con la crisis de precios, pues una parte de nuestra producción es muy costosa y a precios bajos (incluso los actuales) no es rentable. Esto es triste porque tenemos petróleo y gas, pero bajo tierra; es necesario decidirse a sacarlo.

¿Cuáles fueron los sectores económicos que se pudieron ver beneficiados con la disminución de los precios del petróleo?
Francisco José Lloreda 
› En el momento en que empiezan a caer los precios del petróleo muchos hicieron fiesta porque esperaban una mayor devaluación del peso, lo que efectivamente sucedió; existía la expectativa de que las exportaciones de otros productos se reactivarían rápidamente, lo que no sucedió. Y no sucedió porque un país no se vuelve exportador de la noche a la mañana, ya que la dinámica exportadora no puede depender sólo de la tasa de cambio. Además una economía tan dependiente del precio del dólar es muy frágil y exportar no es como soplar e inflar botellas; por eso la recuperación del sector exportador ha tardado bastante.

Lo importante es entender que no hay que escoger entre petróleo y otros sectores. Esa visión es errada y absurda. Debemos impulsar los distintos sectores económicos de manera estratégica, porque los necesitamos a todos, incluido el sector petrolero y el minero.

Teniendo en cuenta que el sector de hidrocarburos tiene un papel tan importante en nuestro abastecimiento energético ¿cuáles serían los sectores económicos que se verían afectados en primera línea en caso de que tuviéramos que importar?
Francisco José Lloreda › Colombia es un país privilegiado en materia energética, es más, incluso malcriado. El 70% de nuestra energía es de origen hídroeléctrico; pocos países son tan afortunados. Pero no podemos depender sólo de esta fuente; es necesario y estratétigo contar con una mayor capacidad de generación a base de gas y de carbón, entre otras. El año pasado estuvimos muy cerca de un racionamiento el cual dependía de si Venezuela nos vendía o no gas, y al precio que se le antojara. Definitivamente eso no le debe pasar a un país con petróleo, gas y carbón.

No podemos seguir siendo vulnerables en materia de generación energética; debemos ser autosuficientes en petróleo y en gas, los cuales también debemos exportar. No solo por seguridad energética sino por seguridad nacional y lo que representa para tanto para las finanzas como para el desarrollo de las regiones.

El aporte de la industria petrolera no se limita a los 32 billones de pesos que mencioné, lo cual es casi el 70% u 80% del valor del presupuesto de inversión de un año en Colombia. En los últimos diez años la industria le aportó al país 200 billones de pesos en impuestos, derechos contractuales, regalías y dividendos; esta suma representa 33 veces el valor de ISAGEN y cuatro veces el valor de los proyectos viales de 4G.

Es mucho dinero, pero ese no ha sido el único aporte de la industria. Por ejemplo en la adquisición o compra de bienes y servicios al año han sido más de 30 billones de pesos. También en empleo la cadena del petróleo es gigantesca. Solo basta darse cuenta que, cuando caen los precios y llega esta crisis, termina impactando en 2 puntos el PIB.

Entonces, debemos entender que esta industria, a la par de otros sectores, está llamada a continuar siendo un instrumento importante en el desarrollo económico de Colombia.

¿Cuál considera que debería ser el papel del sector de hidrocarburos en la Nueva Economía?
Francisco José Lloreda
 › La Nueva Economía no es sostenible sin la industria petrolera y minera, ya que está basada sobre una producción mínima de 900.000 barriles diarios durante los próximos 10 o 12 años. Para lograrlo debemos tener anualmente alrededor de 10 mil o 12 mil millones de dólares en inversiones, de los cuales el año pasado sólo tuvimos 2.500 millones (en tierra y costa afuera). Para producir 900 mil barriles diarios debemos doblar nuestras reservas probadas y para esto necesitamos cuadruplicar la actividad exploratoria en Colombia.

Entonces, si no sacamos esta industria adelante la Nueva Economía tampoco lo logrará. No lo digo yo; el año pasado lo afirmó el Ministro de Hacienda cuando señaló que esta era complementaria a la petrolera, ya que aunque la economía de Colombia no depende del petróleo como tal, esta industria si tiene una gran capacidad de generar caja para la nación. Por lo tanto, sería muy triste que simplemente nos cruzáramos de brazos viendo languidecer el poco o mucho petróleo y gas que tiene Colombia. Debemos ver este recurso de una manera cada vez más estratégica, como lo han hecho y hacen otros países.

Pero es importante recordar que este es un commodity de ciclos, que nos ha dejado varias lecciones; la más importante es que los gastos ordinarios de la Nación no deben depender de este recurso. Los ingresos del petróleo deben destinarse a proyectos estratégicos que impulsen la economía y en épocas de vacas gordas debemos ahorrar; eso es lo que hacen en Noruega y otros países que entienden perfectamente cómo es el mundo del petróleo. Este recurso puede ayudar a apuntalar otros sectores económicos como la infraestructura, el agropecuario y el turismo, los cuales a su vez nos ayudarán a impulsar la economía.

Es decir, el petróleo no es un problema. No solo lo digo por lo que consideramos que debe hacer Colombia, sino por lo que vienen haciendo varios países hace un tiempo atrás. Por ejemplo, en Emiratos Árabes Unidos hace 30 años se decidió no depender únicamente del petróleo e impulsaron la transformación de su economía para tener otros sectores claves, lo cual efectivamente ha logrado, convirtiéndose en un gran hub financiero y de servicios en el golfo. Pero si utilizaron los recursos del petróleo para construir la infraestructura y los servicios que se necesitaban para atraer a los privados a invertir y ahí está Dubai.

Debemos ver el sector minero-energético de manera más estratégica. El problema es que somos cortoplacistas; vivimos tapando huecos, volando bajo. Debemos mirar el horizonte y entender que la renta petrolera es un instrumento para apalancar decisiones de desarrollo en Colombia.

¿Cuáles son los principales retos que tiene esta industria en temas relacionados con las licencias ambientales y las comunidades?
Francisco José Lloreda › Esta es una industria muy particular porque no goza de la mejor fama. En últimas lo que existe es un profundo desconocimiento de lo que es la industria petrolera y la importancia que este recurso tiene en nuestras vidas. Durante los últimos 150 años el petróleo no solo ha logrado cambiar la manera como entendemos la calidad de vida, sino que además es un recurso que está en abundancia, es de fácil distribución y al cual se accede a precios muy razonables.

Es más, podemos decir que los combustibles fósiles también se han convertido en el gran defensor del ambiente, ya que si no los tuviéramos estaríamos arrasando los bosques para utilizar leña. Gracias a los hidrocarburos es factible movilizarse, la agricultura se ha mecanizado permitiéndole a miles de millones de personas alimentarse y disfrutar de una mejor calidad de vida; el 80% de los bienes que usamos a diario tienen un derivado del petróleo; las suelas de los zapatos, las llantas de las bicicletas, los televisores y celulares, el elástico de la ropa, los cepillos de dientes, la mayoría de pesticidas y productos agrícolas.

Pero, a pesar de lo señalado, lo que encontramos en las comunidades es una gran prevención frente a la industria e incluso mucha gente dice que Colombia debe escoger entre agua o petróleo, lo cual es absurdo porque son totalmente compatibles. Un dato que quizás muchos colombianos no saben es que en el caso del recurso hídrico que se utiliza en Colombia, alrededor del 58% es usado por la agricultura y la ganadería, aproximadamente un 15% por las hidroeléctricas y un 2% por el consumo humano; mientras que la industria petrolera consume solo el 0.26% de este recurso. Entonces, el problema no es el petróleo.

Hay una profunda distorsión y un gran desconocimiento, pero precisamente ese es el reto que tenemos por delante: lograr que se entiendan mejor los beneficios de esta industria, la cual no es incompatible con el desarrollo sostenible, ni tampoco con el cuidado y protección del ambiente. De no ser por el petróleo, el medio ambiente estaría devastado.

Durante este año 2017 ¿cuáles son las estrategias a las que le está apuntando el sector?
Francisco José Lloreda
 › Este año tenemos cuatro desafíos grandes. El primero, ser más competitivos en lo fiscal y lo contractual. De cada dólar que le ingresa a la industria petrolera entre el 65% y 70% va para el Estado, cuando en el golfo de México es 54%. En la reforma tributaria, y gracias al liderazgo del Ministerio de Minas y el apoyo del Congreso de la República, se incluyeron instrumentos que esperamos permitan darle un impulso a la exploración y la producción.

Lo segundo tiene que ver con seguridad jurídica; no somos un país con instituciones perfectas, pero es fundamental que no descuidemos la seguridad jurídica porque eso pone muy nerviosos a los inversionistas, sobre todo en una industria como la petrolera, con una mirada en el mediano y largo plazo. Es clave tener estabilidad en las reglas del juego.

El tercer aspecto tiene que ver con poder operar en territorio, lo cual se ha vuelto muy difícil por los bloqueos y vías de hecho. Estamos encontrando una gran adversidad por parte de muchas comunidades, y en particular, por avivatos que desinforman a la gente. Es un gran desafío además, porque somos un país timorato al momento de aplicar la ley.

También persisten desafíos en temas de licencias, consultas locales y permisos. Es urgente poner orden, no para reducir las exigencias en materia ambiental, pero si, para precisar quién hace qué y dónde es factible desarrollar la industria petrolera sin que le revoquen de manera arbitraria las licencias, como también para que los procesos se lleven a cabo en tiempos razonables.

Y finalmente diría que al interior de las empresas hay un desafío constante; ser eficientes. En resumen, ser más competitivos. El principal problema de Colombia no son los precios internacionales. El problema de fondo es que somos muy costosos por los cuatro factores iniciales que señalé. Los precios pueden subir o bajar, pero si no ponemos orden en casa no va a llegar la inversión extranjera que necesitamos. No nos van a voltear a mirar con el mismo interés con que nos miraban hace varios años. El desafío está adentro, no afuera.