Ana Fernanda Maiguashca, Codirectora del Banco de la República, habló para El Indicador de BKF sobre los pronósticos en la economía del país, el nuevo billete de cien mil, la reforma tributaria y otros temas coyunturales.

Usted ha desempeñado prácticamente toda su carrera en el sector público ¿de dónde viene esa vocación y ese interés?
Si yo supiera…en efecto es una vocación pero sería difícil tratar de entender de dónde viene. Mis padres no eran funcionarios públicos, mi hermano sí lo fue durante gran parte de su vida. Es en general una cosa muy fuerte, un interés y una idea de que el trabajo de uno contribuye en una esfera más amplia que la privada, pero no tengo una pretensión de entenderlo, convivo con eso en paz.

Seguramente la vida la fue encaminando por esa ruta sin proponérselo…
Yo entré muy joven al Banco de la República, pero sí hay un interés genuino que va más allá de eso. Incluso cuando uno está en el equipo técnico del Banco, no se encuentra con lo mismo que cuando ya pasa al Gobierno. Entonces creo que sí hay una pasión que es distinta. A veces la gente me ve como una persona rara porque esas cosas me gustan, pero casi siempre en la vida es difícil explicar las pasiones.

El país se ha visto golpeado por varios factores como el tema del petróleo que ha fortalecido el dólar, el fenómeno del niño, entre otros. ¿Qué le depara al país en materia económica? y ¿qué medidas se están tomando desde el Banco al respecto?
El país vive una coyuntura económica bastante compleja, no porque estemos en una crisis, más bien porque hemos recibido una serie de embates, una cantidad de choques muy fuertes, muy duraderos y persistentes, en un periodo reciente que inicia aproximadamente a finales del año 2014. ¿Qué es lo que el país tiene que hacer para enfrentar estos choques? En primer lugar y hablando del choque principal que es la caída del petróleo, hay que entender que es como si nos hubieran reducido nuestro ingreso de manera permanente, y tal como haría cualquier persona en su casa si encuentra que tiene un recorte permanente en su ingreso, necesariamente se ve obligado a reducir sus gastos porque en el caso contrario va a tener que estar endeudándose per secula seculorum, y en algún momento eso se va a convertir en un fenómeno insostenible. En esa medida, la razón por la cual se tiene la idea de que la economía tiene que desacelerarse es precisamente porque tenemos que ajustar nuestro gasto a los nuevos niveles de ingreso, de lo contrario estaríamos acumulando una deuda que sería insostenible y esa acumulación se representa en el déficit de cuenta corriente.
Lo que hemos venido haciendo para que se dé ese ajuste es por una parte tratar de explicar el fenómeno a todos los agentes y a las personas, para que entiendan un poco que estamos en una coyuntura en la que crecer menos es mejor. Por otro lado hay algunos elementos que corresponden a la política fiscal, que no corren por cuenta del Banco de la República sino por el Ministerio de Hacienda, porque parte de ese gasto es gasto público y han tenido que darse unos recortes y/o lo que no hemos recortado en el gasto va a tener que recomponerse con otras fuentes de ingreso, en este caso tributario, y por eso es que ha estado tan en boga la reforma tributaria que tiene que ser presentada y aprobada en el 2017.
En el caso de la política monetaria digamos que hay un frente de acción fundamental y es que por cuenta de la devaluación y de los choques climáticos, la inflación también se ha alejado del rango meta que tiene establecido el Banco de la República. Sin embargo, las razones por las que se han alejado es por lo que nosotros llamamos “choques de oferta”. La devaluación encarece ciertos productos como los importados y aumenta los costos de producción de algunos otros productos, y en realidad no se encarecen porque la demanda esté creciendo sino porque tenemos ese fenómeno que es como un choque que viene de afuera. En el caso de los alimentos también tenemos un “choque de oferta” por el cambio que nos ha generado el fenómeno del niño, que ha reducido la producción, lo cual a su vez presiona el costo de los alimentos al alza. En esos casos el llamado de la política monetaria en principio no sería que haya que atenuar la demanda, que es lo que típicamente hace el aumento de las tasas de interés, ya que lo que vemos es que hay unas presiones que están reduciendo la oferta sobre las que la tasa de interés no tiene ningún impacto. Sin embargo y dado que los choques han sido tan grandes, las expectativas de inflación a mediano plazo también se vieron afectadas y en esos casos la política monetaria reacciona tratando de indicarle a todos los agentes económicos que deben confiar en que la inflación se va a volver a meter dentro del rango meta y que nosotros como junta directiva del Banco de la República, vamos a hacer todo lo necesario para que eso ocurra. Es por eso que hemos visto un incremento de las tasas de interés que va en la misma dirección en la que uno quisiera que fuera la demanda interna, y es que al subir las tasas de interés, se desacelere la demanda y eso nos permite cerrar esa deuda que es como hemos llamado al déficit de cuenta corriente.

El dólar ha bajado en las últimas semanas, ¿cree que esa situación se seguirá manteniendo o definitivamente no volveremos a ver un dólar a dos mil pesos? ¿cuáles son las aproximaciones que ha hecho el Banco en ese tema?
Alrededor de los dos mil pesos en el corto plazo no. En cuanto al largo plazo, creo que muy pocas personas estábamos pensando que íbamos a ver un dólar en tres mil cuatrocientos pesos hace unos años, entonces aventurarme a largo plazo sería más vale tonto, dado que ni siquiera es posible tener una buena previsión a corto plazo. Ha venido cayendo y hemos venido teniendo una estabilidad en el precio del petróleo, que ni siquiera se vió afectada por el fracaso de los diálogos que hubo en Doha esta semana. Entonces lo que parece que se percibe en el ambiente es que hemos llegado a alguna estabilidad, que no quiere decir que haya una fuerza que en realidad lo esté jalando a niveles como los que vimos a principios de 2014 cercano a los dos mil o por debajo, pero sí quiere decir que ha cesado la presión que sistemáticamente veníamos sintiendo para que hubiera un fenómeno de devaluación.

¿Por qué se decidió poner en circulación un billete de 100 mil, cuando el sentir de gran parte de los colombianos es que el de 50 mil ya era un encarte?
Hay unos ciertos parámetros técnicos con los cuales se va evaluando en qué momento es hora de pensar en un billete de mayor denominación: el PIB per cápita el salario mínimo y el promedio etc., y lo cierto es que el billete de cincuenta mil ya llevaba muchísimos años. Como ocurrió con ese billete cuando recién empezó a circular, nadie pretende que el billete de cien mil sea lo que todos ustedes tengan mañana en sus billeteras y ojalá no sea lo que les dispense el cajero, sin embargo la emisión inicial y la puesta en circulación de un billete de alta denominación, empieza a hacerse porque precisamente la economía ha crecido en los últimos años, y ya llevábamos muchísimo tiempo desde la última vez que habíamos emitido un billete de alta denominación. Evidentemente este no es un billete con el que uno quiera contar para hacer sus transacciones de bajo valor y en consecuencia seguirá siendo más alta la producción o el énfasis en los billetes de baja denominación, pero era importante contar con un nuevo instrumento para la economía, dado un desarrollo que ha sido notorio desde la última vez que cambiamos la más alta denominación de los billetes.

Tengo entendido que se vienen cambios en la presentación de billetes de diferentes denominaciones ya existentes, ¿Qué nos puede adelantar sobre eso?
Sí, en todos. El Banco de la República ha anunciado que lo que se ha generado es una nueva familia de billetes, que es como denominamos nosotros este proyecto que ha incluido el lanzamiento del nuevo billete de cien mil, pero sobre todo el cambio en el diseño y producción de los demás billetes. Esta nueva familia de billetes cuenta con un nuevo diseño, con un refuerzo importante en términos de las condiciones de seguridad para contrarrestar el riesgo de falsificación y además la verdad sea dicha, es que todos estos billetes son muy lindos. La invitación a todos es a que nos visiten, pueden buscar en YouTube “nueva familia de billetes” o pueden buscar en la página del Banco de la República sobre el billete de cien mil y sobre las otras denominaciones. Hay una gran cantidad de información encaminada a que los colombianos conozcan esta nueva producción, entiendan las nuevas diferencias de los billetes, los nuevos elementos de seguridad, ya que evidentemente en el proceso de prevenir la falsificación es muy importante que todos estemos informados respecto a cuáles son los nuevos elementos de seguridad que acompañan la producción de la nueva familia de billetes.

¿A partir de cuándo van a estar en circulación todos los billetes?
Están programados trimestralmente. En el primer trimestre pues evidentemente fue el lanzamiento del billete de cien mil, sigue el de cincuenta mil y así sucesivamente. En cada fin de trimestre vamos a estar lanzando los nuevos diseños de los billetes que utilizamos los colombianos e insisto en que sería útil e importante que la gente consulte la información y conozca los nuevos diseños. Hay mucho material informativo no solo sobre los diseños, sino sobre sus características, tamaño, elementos que contienen para el reconocimiento por personas con discapacidades visuales etc., pero además creo que el video es muy bonito, dado que toda la nueva familia de billetes tiene unos personajes en el inverso y además al reverso el tema que se decidió ilustrar es la biodiversidad colombiana y ya lo dejo a juicio de ustedes, pero vale la pena que vean el video.

Yéndonos un poco al pasado, cuando usted fue directora de regulación financiera del Ministerio de Hacienda, tuvo a su cargo el tema de DMG, ¿en qué concluyó ese proceso y cuáles fueron las lecciones más importantes que dejó ese episodio?
El caso de DMG estalla en el año 2008. Yo en ese momento trabajaba en la Superintendencia es decir que era parte del supervisor, no del regulador, solo que cuando llego al Ministerio de Hacienda, ya la crisis, como se denominó a este fenómeno que se vivió con varias pirámides en el país, había estallado y se habían acumulado una gran cantidad de demandas en contra del Estado, por virtud de este fenómeno. Muchas de esas demandas eran en contra del Ministerio de Hacienda, entonces parte de lo que sí era mi responsabilidad era tratar de participar y liderar el proceso de defensa del Estado en las demandas que las personas habían hecho contra él.
Creo que parte de las lecciones que deberíamos haber aprendido es la noción de que evidentemente aquí hubo personas incautas que fueron víctimas de la mala fe de algunas de las personas que montaron estos esquemas piramidales, pero también es cierto que hubo muchas otras que sabían el riesgo en el que estaban incurriendo. Yo tengo una anécdota y es que en una de las demandas que teníamos en el ministerio, había una pirámide que se llamaba “La pirámide”, es decir que en gran cantidad de los casos, no estábamos hablando de personas que no entendieran que había un riesgo inherente al tipo de operaciones que estaban realizando, y sin embargo persistieron en ellas porque estaba la noción de que podían resultar ganándose una gran cantidad de dinero. En muchos casos observamos de hecho un comportamiento estratégico en el sentido en que la gente invertía un primer monto y después de eso solo reinvertía los rendimientos, de tal manera que el capital estuviera protegido. Ese no es el comportamiento de una persona que no entiende el tipo de riesgo en el que está incurriendo, como no lo es el del que se endeuda para entrar en este tipo de proyecto. Sin embargo terminamos con una gran cantidad de demandas contra el Estado, y me parece que hay cosas que son importantes en nuestro proceso de crecer como sociedad. En primer lugar, si no acabamos de deshacernos de la cultura del dinero fácil y de que podemos obtener ciertas cosas con poco esfuerzo, no hay autoridad que sea capaz de prevenir esto, porque en realidad aquí la molestia de los ciudadanos no fue porque la autoridad no interviniera, más vale lo que el ciudadano quería era que no interviniera porque querían seguir obteniendo rendimientos en estos esquemas piramidales. Lo segundo es que la noción de que todo se devuelve contra el Estado parece partir de una idea como si el Estado cayera del cielo, cuando el Estado no es nada más que los impuestos de todos los colombianos; entonces lo que acaba pasando es que otros ciudadanos vulnerables, pobres, necesitados, acaban pagando por las demandas de quienes decidieron incurrir voluntariamente en esos esquemas de riesgo. Es verdad que las autoridades tienen que hacer sus tareas, pero nosotros como ciudadanos tenemos que estar involucrados en la forma y en la sociedad que queremos construir y que queremos enseñarle a nuestros hijos, y en esa medida yo creo que a mí me sorprendió la facilidad con la cual acabaron estas personas participando de estas demandas contra el Estado, liderados en buena parte por unos conjuntos de abogados que vieron una oportunidad además de rentabilidad y me parece que si bien es cierto que el Estado y la autoridad siempre tendrán que cumplir con su deber, nosotros tenemos deberes como ciudadanos. Al final del día la idea de que el Estado acaba pagando, ignora el hecho de que cuando eso pasa, estamos yendo en contra de niños que se quedan sin escuelas, sin alimentación, de ancianos que se quedan sin protección, de carreteras que no estamos construyendo, y si no logramos que la gente tenga un poco más en cuenta que esa es la realidad y que el Estado no es un tercero, que el gobierno no es una cosa que se fondee del cielo, no vamos a ser capaces de construir una mejor sociedad.

Usted también estuvo muy cerca de la reforma tributaria del año 2012. Después de casi 4 años de haberse dado esta reforma, ¿qué cree que le faltó? O ¿en qué falló?
Es una pregunta compleja y hay varios elementos. Lo primero es que esa reforma no estaba encaminada a buscar recursos. En ese momento la idea de que íbamos a tener una caída tan dramática del precio del petróleo, no estaba presente. Si bien es cierto que todos estábamos esperando una caída en el precio del petróleo, lo que acabamos viendo no estuvo predicho por ningún experto en el tema a nivel local ni internacional, y en esa medida hay un choque que el Gobierno recibe en sus ingresos y que tiene que acabar de asimilar. Parte de eso se ha dado a través del recorte del gasto, pero parte tendrá que darse a través de una nivelación de los ingresos. En segundo lugar creo que en su momento estábamos “aprovechando” la situación de que no teníamos en aquel entonces una afugia fiscal, para hacer una reforma conceptual al tipo de impuestos que cobrábamos. Y aprendimos muchas cosas, por ejemplo en el IMAN aprendimos que seguíamos dejando muchas formas de burlarlo, a la postre hubo un pronunciamiento de la Corte Constitucional en contra de una parte muy sustancial de ese impuesto, y que en consecuencia nos enseñó acerca de las dificultades de tratar de gravar a las personas naturales en Colombia. Creo que en el país hay una noción de que acá pagamos muchos impuestos y ha sido complejo transmitir la sensación de que no lo hacemos, bajo ningún estándar internacional, y si queremos que nuestras empresas tengan una menor carga tributaria para que puedan competir y generar más empleo y más ingresos para esas personas naturales, pues la tributación tiene que recaer más en nuestra parte. La noción de que no tenemos con qué, es una noción que no tiene cotejo con las cifras que vemos. Y sobre esas dificultades sí que aprendimos en la reforma tributaria del 2012. Otra cosa que aprendimos es que en efecto la reducción de los impuestos parafiscales o los impuestos a la nómina, nos dejó una lección y es que tuvo unos réditos muy profundos y muy fuertes en la creación de trabajo asalariado, tan es así que el empleo y sobre todo el empleo formal ha sido muy robusto y resistente, incluso ante los embates que estos choques recientes le han generado a la economía y creo que eso es motivo de más para aplaudir los resultados de esa reforma. Ahora bien, nos vemos avocados a la necesidad de plantear otra forma de ingresos y si queremos todos los bienes públicos que permanentemente demandamos entonces tenemos que pagar. Normalmente nos gusta la idea de que en países desarrollados los gobiernos son distintos, pero no nos gusta pensar que los ciudadanos también. Si queremos llegar a esa noción de desarrollo, de nuevo tenemos que entender que los gobiernos no caen del cielo, salen de la sociedad civil y una sociedad civil que no está dispuesta a entender que su deber legal es el de pagar los impuestos, tampoco va a tener sustento para reclamar que una parte de los funcionarios de ese gobierno incurran en actos de corrupción. Si no aprendemos un poco de ese cambio de cultura entonces estamos queriendo llegar a una sociedad fantasma, porque pensamos que la va a jalonar un sector público que no está compuesto de nada distinto a los ciudadanos. Yo personalmente no tengo la capacidad de cambiar la forma en que ninguno de mis pares opera, tengo fundamentalmente la capacidad de cambiar la forma en que yo opero y la de mi hija, aunque ella diga que no (risas).

Los empresarios se quejan de estar asfixiados por los impuestos y usted hablaba ahora de la idea de gravar más a las personas naturales para aliviar la carga de las empresas. ¿sería esa entonces la clave de la próxima reforma tributaria?
Creo que las personas naturales tenemos que pagar más y creo que hay ciertas exenciones que el país ha entendido como protectoras de una clase más vulnerable porque no hemos acabado de entender. El IVA es el ejemplo más sencillo: la idea que tienen los colombianos es que como el huevo no paga IVA entonces de esa manera protegemos a las personas más pobres de la sociedad. Las personas más pobres de la sociedad comen notoriamente menos huevos que las personas más ricas de la sociedad. Por lo tanto cuando no gravamos con IVA los huevos, quienes más dinero están ahorrando son los más ricos de la sociedad. Sería preferible gravar el huevo con IVA y ver de qué forma se le retribuyen esos recursos al quintín más pobre de la sociedad. Pero la idea persistente de que lo más fácil es eximir a la canasta básica del IVA, a lo que nos lleva es a un impuesto en cuya exención hay una gran cantidad de recursos fiscales que podrían estar alimentando ese recaudo que necesitamos tener sin ir en detrimento de la actividad productiva que es fundamentalmente lo que tenemos detrás de las empresas. La otra realidad es que no todas las empresas están gravadas porque tenemos una gran cantidad de otras exenciones, ya en el impuesto de renta; y creo también en la idea de que nosotros como sociedad tenemos que entender que esta no es una discusión que solamente ampare al Gobierno, es que tenemos sectores de la sociedad que están exentos y éste si es un juego de suma cero: lo que no paguen ellos lo pago yo. Entonces yo tengo que devolverme y reclamarles, porque ellos van a estar allá haciendo presión para que su exención persista. Hasta que yo no entienda que yo tengo que ir allá donde ellos están defendiendo esa exención entonces no vamos a llegar a un equilibrio. De nuevo juega la idea que no es el problema de un gobierno que está lejano, es un problema de nosotros como sociedad y tenemos que entender la participación responsable que nos compete, que no está solamente en el proceso de votación, aunque evidente y necesariamente pasa por allí, sino que también pasa por la participación que tenemos en otros debates democráticos.

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