Mucho se oye hablar hoy en día de la responsabilidad social empresarial. El término, que hace algunos años parecía desconocido en el mundo corporativo colombiano, ha entrado en un auge o moda a veces un tanto descontrolado en el que muchas organizaciones se autoproclaman socialmente responsables con el fin estratégico de generar mayor confianza, fidelidad y reconocimiento positivo en los consumidores.

Sin embargo es necesario comprender este concepto para poder implementarlo en las organizaciones de manera correcta y sin caer en la euforia de gritar a viva voz lo responsables que somos con nuestro entorno, cuando en realidad solo realizamos una que otra práctica responsable de manera aislada y sin un lineamiento coherente y estratégico con nuestro negocio. La Organización de las Naciones Unidas para el desarrollo industrial lo define así: “…se entiende generalmente como el modo en que una empresa alcanza un equilibrio entre los imperativos económicos, medioambientales y sociales (“enfoque del triple resultado final”), a la vez que aborda las expectativas de los accionistas e interesados.”

Y si bien apenas ahora toma fuerza, esta idea de ser socialmente responsables tuvo sus inicios hacia los años 50, cuando diferentes activistas se declararon en contra de los productos y/o servicios de organizaciones que no consideraban éticas en la medida en que su accionar afectaba el tejido social. De allí en adelante han sido varios los personajes que se han dedicado a pensar este concepto, en algunas ocasiones enfocándose más en la responsabilidad hacia el interior de la empresa y otras veces trasladando la inquietud hacia el exterior que rodea a la misma.

Pero ¿por qué es importante que mi empresa sea socialmente responsable? Bueno porque como dijo el economista y premio nobel, Milton Friedman: “… el rendimiento económico no es la única responsabilidad de una empresa…”; así que es necesario que se interiorice la idea de que las organizaciones tienen un nivel de responsabilidad con su entorno, con el medio ambiente, con sus empleados, con los clientes, con las poblaciones cercanas a su lugar de operaciones, y en general con todo lo que se vea impactado por ellas. Y actualmente ya no son solo los intelectuales y los académicos los que hablan sobre este “deber” de las compañías, sino que ahora las personas lo exigen y quieren involucrarse con empresas que no solo piensen en lucrarse financieramente sino que aporten significativa y positivamente a la sociedad. Pero no se puede esperar hasta que los stakeholders o grupos de interés lo exijan, hay que ir un paso adelante e implementar los programas adecuados a tiempo, de lo contrario puede ser demasiado tarde y la imagen y reputación de la empresa pueden llegar incluso a verse afectadas.

Para no ir muy lejos, en los años 90 una de las marcas más famosas del mundo, Nike, fue duramente criticada y acusada por sus prácticas laborales en varios de los países orientales como China e Indonesia, donde concentra la mayor parte de su producción. Se le señalaba de esclavitud de la mano de obra, trabajo infantil, falta de seguridad industrial y explotación laboral. Esto generó movilizaciones en 13 países que se manifestaron en contra de sus prácticas y obligó a Nike a establecer programas y políticas al respecto que de alguna manera apaciguaron la crisis. Sin embargo y aunque sigue siendo una de las compañías más grandes que existen, hay quienes todavía la asocian con prácticas dudosas.

El ejemplo evidencia la necesidad de adelantarnos a las demandas de nuestros públicos e incluso a las posibilidades de crisis de imagen. La gigantesca Nike hizo lo que podía hacer en el momento implementando las políticas que debía haber establecido hace mucho tiempo, sin embargo el episodio manchó su imagen y aunque siga siendo una de las marcas favoritas de millones de personas, aún hoy en día debe lidiar con activistas que insisten en su falta de ética.

Así pues, es necesario darle la relevancia que tiene este tema y desde ya establecer políticas y programas de responsabilidad social empresarial que vayan de la mano con la misión, visión y direccionamiento estratégico de nuestra empresa, de lo contrario no pasarán de ser simples prácticas responsables, altruistas o caritativas. Adicionalmente es importante plantear acciones de comunicación pertinentes para saber dar a conocer lo que se hace en la organización desde la mirada de la responsabilidad social, sin duda ello tendrá beneficios económicos en tanto más gente se sentirá identificada con nuestra empresa, lo que por ende traerá también beneficios para nuestra imagen y reputación.