Oscar Ayala es economista, mentor del programa Valle Impacta de la Cámara de Comercio de Cali, consultor organizacional con más de 30 años en el sector empresarial e invitado permanente de la Comisión de la Mesa del Grupo Multisectorial. Actualmente ha sobresalido por su liderazgo en la promoción del movimiento de la Economía del Bien Común en Colombia y en esta ocasión habló con El Indicador de BKF para explicarnos mejor en qué consiste esta propuesta de modelo económico y cuáles serían sus beneficios para las empresas.

¿Cómo se podría conciliar la idea de rentabilidad y competitividad bajo la que actualmente trabajan las empresas, con un modelo como el de la Economía del Bien Común?
En este momento la humanidad y las empresas estamos teniendo un cambio sustancial en muchos frentes. En primer lugar, por la explosión demográfica que tenemos, somos un planeta que pronto tendrá 8.000 millones de habitantes con todo lo que esto conlleva económica y socialmente hablando. Tenemos que pensar definitivamente cómo vamos a manejar este esquema. Creo que la Economía del Bien Común (EBC) es uno de los mejores intentos para tratar de dilucidar una nueva manera de plantear las relaciones económicas, las cuales tienen que ver prácticamente con casi todas las actividades del hombre.

La famosa “administración de la casa”, que es lo que significa etimológicamente economía, nos ha quedado ciertamente grande. Hemos tenido cantidades de sistemas económicos y hoy hay uno verdaderamente hegemónico, que es el capitalismo, pero ha demostrado tener unos extremos que no son convenientes. Precisamente, son ideas como la competitividad y rentabilidad las que al volverse muy obsesivas nos han traído problemas muy complicados como sociedad. Entonces, estamos pensando en un modelo que nos está planteando que lo primero no es la rentabilidad ni la competitividad, como tampoco es crecer a toda costa devorando a los otros que están en el mercado conmigo, sino que nos invita a pensar en el bien común de toda la comunidad general a la que atendemos y de todos los que tienen que ver con nuestro negocio (empleados, clientes, asociados, proveedores, financiadores, gobierno, instituciones regulatorias, etc.) al igual que también en el planeta tierra con sus recursos escasos y delicados, como ya lo hemos comprobado ante el desbarajuste al que hemos llegado. Por eso creo que la Economía del Bien Común es un paradigma nuevo que nos va a llevar de manera distinta a lo que necesitamos como grupo humano.

Desde este nuevo modelo se propone pasar de los indicadores financieros a medir nuestras empresas a través de la matriz del bien común ¿En qué consiste y qué tipo de beneficios obtiene una empresa al implementarlo?
El balance de la Economía del Bien Común es una matriz que mide 58 criterios para establecer el desempeño de una empresa con sus públicos de interés. Esto es un trabajo que se realiza con equipos de evaluadores revisando aspectos como la relación entre los dueños y los trabajadores de la empresa en cuanto a cinco valores principales:
cooperación, ecología, dignidad humana, solidaridad y democracia. También analiza cómo estamos con la naturaleza, si estamos protegiendo los recursos naturales y si no estamos contaminando. De este modo, en esta matriz se revisan todos los procesos de la empresa con relación a sus grupos de interés examinando de todas las maneras posibles cuál es su contribución al bien común. Estos indicadores nos dan una radiografía mucho más cercana de lo que la empresa es y hace en realidad por la comunidad. No te dice sobre el nivel de crecimiento pero sí sobre la satisfacción de cada uno de estos grupos y también te compara con otras empresas en estos aspectos según el puntaje obtenido, incentivando a ejecutar las acciones necesarias para que la empresa pueda mejorar su desempeño.

En tiempos donde aspectos como la Responsabilidad Social, el Desarrollo Sostenible y la Ética Empresarial son temas tan importantes en la imagen que proyectan las empresas ¿Qué beneficios puede traer la implementación de este modelo económico al respecto y de qué manera puede impactar esta decisión a los consumidores finales?
El modelo es la suma de muchos otros modelos que se están viendo hoy en día, logrando sintetizar su evaluación y sus acciones en 58 parámetros, que además de ayudar a mejorar la empresa, también logra demostrar que cumple con criterios de bien común, lo cual es necesario, precisamente teniendo en cuenta la importancia superlativa que se le está dando a estos criterios de Responsabilidad Social Corporativa, Sostenibilidad y Ética Empresarial. El objetivo de este balance es arrojar una especie de certificación, que a través de una medida cuantitativa, compare cómo nos encontramos las empresas con respecto a un índice global de Bien Común. De igual modo, en el caso de los compradores, se espera que este sea un aspecto determinante en su decisión de compra.

¿Qué tanta apertura considera que tenemos para adoptar este modelo económico y cuáles serían los factores necesarios para que las empresas encuentren los incentivos para implementarlo?
Este es un desafío importante, porque ante todo es un nuevo modelo mental, una nueva manera de pensar. No estamos muy acostumbrados a esto. Las universidades siguen enseñando los criterios capitalistas esenciales por los que se rigen las empresas: nivel de rentabilidad, nivel de crecimiento y nivel de endeudamiento.
Pasar a pensar en un nuevo modelo de indicadores implica una nueva manera de pensar la empresa. Personalmente he encontrado que esto resulta muy atractivo para las generaciones más jóvenes de emprendedores, pequeñas empresas y PYMES. Pero eventualmente, pienso que este es un modelo que se va a imponer en todo el empresariado en la medida en que seamos capaces de mostrar los beneficios que tiene pensar y actuar de este modo para que todo el mundo se sume. Para lograrlo, la idea es que haya un sistema tanto corporativo como de gobierno que premie a las empresas que cumplan con estos criterios concediéndoles préstamos blandos en las entidades financieras, las cuales también a su vez deben irse
transformando en bancos del bien común que de igual modo deben ser medidos por los mismos parámetros de las empresas y las entidades de gobierno. También deben existir una serie de beneficios fiscales y tributarios para estas empresas, para que de esa manera las empresas se beneficien de eso que están haciendo, al igual que el consumidor final, que además de obtener un producto que cumple con todos esos exigentes parámetros de responsabilidad, calidad y cuidado del medio ambiente, también va a tener un alivio en la parte de precios.  Hoy en día, veo con mucha sorpresa y alegría que la gente está interconectada a nivel global a través de internet, obteniendo unas ventajas enormes en el flujo de la comunicación y logrando conectar enormes cantidades de personas en torno a causas. Hay muchas instituciones que están actuando básicamente a nivel virtual y han conseguido unas luchas supremamente fuertes e inconcebibles en el pasado. Este modelo está ganando mucha aceptación a nivel de internet, de hecho uno ve numerosas noticias de lo que está sucediendo en Europa y algunos países de América Latina donde la Economía del Bien Común ha llegado, dándonos cuenta de que la gente está receptiva a un modelo de este alcance. Un ejemplo ha sido el caso de la comunidad económica europea, la cual está considerándolo como un modelo de transición para su programa de Responsabilidad Social. Esto nos da una idea de donde estamos hoy con este movimiento.

¿Dónde han implementado este modelo económico?
El movimiento ha llegado a 40 países y nació en Austria hace seis años donde actualmente tiene entre 12 y 15 comités, aunque ha cogido más fuerza en Alemania y España. Este modelo se está practicando no solo en las empresas y comunidades de emprendedores, sino también en gobiernos. Ya hay ciudades cuyos municipios se están rigiendo por los criterios de la Economía del Bien Común y la idea es que también se sumen departamentos, estados y ojalá pronto tengamos países.

Y los jóvenes. ¿Qué tan receptivos están frente al concepto de la Economía del Bien Común?
En las conferencias y los encuentros que he tenido aquí en Colombia sobre el tema, me ha sorprendido y me ha agradado mucho ver la respuesta de los muchachos que no le ven ningún impedimento, más vale los más mayores sí lo miran con reticencia y son un poco escépticos. Algunas de sus preguntas son “¿eso si es posible?” “¿eso no es como muy utópico?”. Los jóvenes son muy receptivos. Obviamente esto es un modelo juvenil que fue diseñado por un hombre maduro pero no mayor, Christian Felber, una persona que a sus 45 años es sumamente jovial, es danzarín y fuera de su trabajo se mueve en muchos grupos jóvenes. Además, la Economía del Bien Común se ha llevado ante todo a grupos de emprendedores y de pequeñas empresas en todos los países en los que se ha presentado, encontrando precisamente en las nuevas generaciones el respaldo más fuerte. Han sido ellos quienes han logrado llevar esto a las instituciones y empresas en las que se encuentran. En verdad la Economía del Bien Común no es el único modelo que está andando en esta dirección, conozco acerca de cinco o seis modelos parecidos de alto vuelo planteándose en el mundo., así que este es un enfoque más, un aporte más, pero no es una isla en el desierto.

¿Qué recomendaciones le daría a las empresas para motivarlas a adoptar este modelo?
El modelo está planteado para que lo adopte cualquier empresa, ya sea pequeña, mediana o grande. Además no está dirigido a cambiar las estructuras de las organizaciones, es más un modelo mental que nos invita a pensar sobre nuestra contribución en términos de bien común, porque aunque hay definitivamente un beneficio primario de todo producto o servicio, a veces eso se queda corto cuando estamos considerando el bien de todo el mundo, no solamente el de los clientes que compran, sino los potenciales y quienes no compran también. En la Economía del Bien Común está considerada toda la sociedad. Entonces la empresa empieza a evaluarse en aspectos concretos, como por ejemplo, ¿cuáles son nuestras prácticas con los empleados y cómo buscamos el bien común de ellos?, ¿cómo contribuimos a mejorar la vida y el bienestar de nuestros asociados, dueños, accionistas, proveedores y de los que trabajan aquí como contratistas? De igual modo al considerar el tema de la naturaleza, el planeta y los recursos naturales, también las empresas se tienen que cuestionar muy fuerte porque todavía estamos en contravía del medio ambiente. Un claro ejemplo de lo anterior lo vemos en las cadenas logísticas y de transporte que usamos en el comercio internacional. Muchas veces optamos por estas alternativas sin considerar las implicaciones de transportar los productos, porque así a mí no me cueste, existe una importante contaminación producida por los combustibles de los barcos, camiones o aviones a través de los cuales se realiza este envío. Hoy estamos calculando que el comercio global marítimo contamina mil veces lo que la flota de automóviles. Entonces, tal como vemos, el costo de transportar las mercancías de un lado al otro es algo sumamente pesado para el mundo y todos esos costos sociales y económicos son los que la Economía del Bien Común obliga a repensar cuando estamos haciendo un balance. Es exigente, es muy interesante y nos va a cambiar definitivamente la óptica en la manera de pensar los negocios.

Vea aquí la entrevista completa al Dr. Oscar Ayala: