Mucha gente ve la profesión contable como poco más que técnicas, conceptos y procedimientos, es decir, como una práctica técnica. Estos son considerados los “tuercas y tornillos” de la Contabilidad, no sólo por el público en general sino además por muchos propios contadores.

La Contabilidad se ve seriamente tergiversada si se considera sólo como una práctica técnica. La Contabilidad es una práctica que subyace, permite la acción organizativa y gran parte de la actividad humana. De esta manera, la Contabilidad es fundamentalmente una práctica social, que guía e influye en el comportamiento de las personas en las organizaciones y en la sociedad, afectando de esta manera nuestras vidas, así como el funcionamiento y el desarrollo organizacional y social.

Cuando entendemos todas las dimensiones de la Contabilidad también conseguimos apreciar cómo la moralidad está en su núcleo y la forma en que no puede concebirse de manera adecuada como una actividad puramente instrumental o técnica.

Una práctica moral puede ser entendida como una práctica cuyas acciones o inacciones influyen en los demás, ahora y en el futuro, y ayudan a dar forma al orden moral de las organizaciones y las sociedades, que a su vez afectan los comportamientos individuales y organizacionales.

En lo que se refiere a la formación contable, cuando la Contabilidad se percibe sólo como una práctica técnica, la cuestión clave es: ¿Cómo hacer la Contabilidad? Sin embargo, cuando la Contabilidad se entiende como práctica social y moral, las preguntas claves son: ¿Qué hace la Contabilidad? Y, ¿Qué debería hacer la Contabilidad?

Los estudiantes, educadores, y programas profesionales deben responder a todas estas preguntas. La Contabilidad debe ser estudiada, comprendida y practicada en los contextos en los que opera, mientras que también se debe considerar el impacto de la Contabilidad en esos contextos.

Estamos viviendo en lo que puede describirse como la “Era calculadora” una Era donde confiamos, e incluso respetamos, las cifras de rendimiento de diferentes formas, y somos impulsados en nuestras respectivas organizaciones a adoptar y alcanzar, o superar, ciertos indicadores clave de rendimiento (KPI). Aquí es donde los aspectos prácticos de la Contabilidad se vuelven dominantes en el gobierno de nuestras vidas y la formación de nuestras conductas.

La Contabilidad hace visibles y calculables los objetos y actividades que se encuentran en el centro de gestión. Estas representaciones parecen ser de hecho y, por lo tanto, dan la impresión de ser objetivas, y no pueden ser desafiadas. Un buen ejemplo de hechos percibidos en la acción se expresa comúnmente en los KPI de la organización, departamentales y personales.

Los KPI suelen ser diseñados y preparados por Contadores profesionales utilizando una multitud de datos contables para permitir acciones y comportamientos, o para impedir acciones y comportamientos.

Los Contadores generalmente producen la información en que se basan los KPI, lo que confirma la posición privilegiada de la profesión contable en la sociedad.

Los KPI son efectivamente invisibles, sin embargo, literalmente flotan en el aire en las organizaciones empresariales, públicas y sociales. Operan, por ejemplo, en aviones, trenes y autobuses, en el campo de cricket de un Lord, en los bancos y en los gobiernos locales. Tienen impacto en el comportamiento de cualquier tipo de organizaciones que toca sobre nuestras vidas.

La Contabilidad en los tiempos modernos es poderosa debido a su posición privilegiada como un medio clave para dirigir y gobernar las organizaciones, las economías y las sociedades. Apreciar la dimensión social de la Contabilidad permite que surja su dimensión moral y se borre la equivocada percepción de la Contabilidad como algo amoral. La apreciación de la Contabilidad como práctica técnica, práctica social y práctica moral, constituye toda la dimensión de la Contabilidad.

Al dar prioridad a las dimensiones completas de la Contabilidad, esta ya no se percibe como una mera herramienta técnica cuyas características son neutrales. Eso sería ignorar las dimensiones sociales y morales de la práctica. Un contador no es un artesano o artesana, sino un profesional que tiene que poseer y utilizar conocimientos, así como emitir juicios profesionales y morales. La Contabilidad tiene tanto fines como medios. Para utilizar un ejemplo de Aristóteles, podemos decir que la Contabilidad como profesión se parece más a lo que la salud es para la medicina, que a lo que es un barco para la construcción naval.

Afortunadamente, una autoconsciencia de la profesión contable es una oportunidad de ser más responsable de sus efectos. Enfocarse en los impactos sociales y morales de la Contabilidad traerá una nueva dimensión a la medición y gestión del rendimiento.

Los impactos de la Contabilidad se refieren tanto a las consecuencias deseadas y no deseadas. Si bien las consecuencias previstas generalmente se imaginaron y pueden estar sobreestimadas, lo que resulta de la introducción de un KPI o un conjunto de KPI para medir un fenómeno, las consecuencias no deseadas, que pueden ser negativas o positivas, a menudo son consideradas como poco o nada por los contadores. Nuestros escándalos corporativos están plagados de KPI que se vuelven salvajes, lo que lleva a una mala conducta endémica y a la tergiversación. Piense en Wells Fargo como un ejemplo de ello.

Todos podemos compartir experiencias personales en el trabajo con, o más bien en contra, nuestros KPI, que han tenido efectos negativos no deseados o nocivos en el comportamiento en las organizaciones, con consecuencias adversas para el funcionamiento y el desarrollo organizacional y social.

Dentro de una Facultad de una universidad, por ejemplo, los académicos pueden recibir requisitos para solicitar becas externas de investigación en lugar de recibir un requisito de ingresos reales de investigación para ser atraídos. El resultado puede ser que se convierta por sí solo en una Facultad de alto rendimiento en el número de solicitudes de subvención, independientemente de si se ha derivado cualquier ingreso de investigación. Una Facultad hipotética puede, por ejemplo, haber presentado 12 solicitudes mediocres de subvención a un organismo de financiación de investigación en particular, sólo para que todas sean rechazadas. El KPI adoptado, sin embargo, no midió lo que debería; fue más bien un fracaso.

Con el fin de ampliar y mejorar la rendición de cuentas, los contadores profesionales tienen que ser más conscientes de los impactos de las medidas de desempeño adoptadas y notificadas a los directores, a la administración y al personal, incluyendo todas las consecuencias de la utilización de ciertos KPI o un conjunto de KPI. Tal informe de los efectos de KPI, con suerte, daría lugar a que los contadores adopten un enfoque integral de “visión global” como líderes estratégicos y socios de negocios, siendo conscientes de cómo algunos KPI pueden ser totalmente incompatibles con otros, lo que crea confusión, falta de ánimo y  potencial mediocridad en el desempeño organizacional.

Es importante destacar que los contadores profesionales deben tener una visión amplia de los impactos de lo que toca y cambia la Contabilidad, incluyendo las consecuencias, ya sean intencionales o no. La visión amplia, junto con una imaginación moral bien nutrida, mediante la cual se pueden imaginar y desarrollar las soluciones morales a problemas complejos, permitirá que la Contabilidad sea la profesión fundamental de los negocios y más allá. Por desgracia, no es sólo la profesión contable la que tiene que centrarse en su contenido y sus obligaciones sociales y morales. La profesión necesita involucrarse mejor con todos sus grupos de interés, para que ellos también la vean como tal, y no como una simple práctica técnica.

Por Eva Tsahuridu, Profesor asociado, Facultad de Contabilidad de la Universidad RMIT, y Garry Carnegie, Profesor Emérito de la Facultad de Contabilidad de la Universidad RMIT.

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