Ya han pasado un par de meses desde que Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, decidió hacer el cierre de la frontera con nuestro país. Más allá de la imagen de miles de colombianos que vivían en el vecino país, retornando con sus enseres o lo que queda de ellos a cuestas, la verdad es que poco o nada ha pasado.

Las reuniones que han sostenido los cancilleres, ministros de defensa e incluso los propios presidentes, no han sido tan provechosas como se esperaba, pues si bien se ha ido bajando el tono de las discusiones y abonando terreno a la diplomacia, en términos reales no hay cambios evidentes. Al cierre de esta edición la frontera continúa cerrada y con ella la posibilidad de que miles de colombianos y venezolanos puedan retornar a su cotidianidad, incluyendo el retorno a sus trabajos y labores diarias.

Más allá del drama humano doloroso y preocupante, es necesario hablar de un problema económico nacional que se venía asomando años atrás y que con este episodio ha vuelto a quedar en evidencia. En el 2010 un informe del Banco de la República hacía énfasis en la necesidad de buscar nuevos socios comerciales, con el fin de cortar la dependencia con Venezuela, la cual se ha fortalecido a través de los años por la evidente proximidad y facilidad de acceso terrestre entre ambos países.

Cinco años después y ante los problemas económicos y sociales generados por el cierre de la frontera, la Cámara de Comercio de Cúcuta, apoyada por empresarios, gremios y autoridades regionales de Norte de Santander, presentaron un documento en el que se plantean políticas a corto, mediano y largo plazo para darle fin a ese círculo vicioso. Algunas de ellas, principalmente aquellas pensadas a corto plazo, ya fueron acogidas por el gobierno nacional, no obstante la parte gruesa y más importante de dicho documento, relacionada con medidas de carácter estructural que contemplan entre otras cosas, obras en infraestructura vial y la exención del impuesto a la renta por un periodo de 10 años para fomentar la inversión, aún siguen sin respuesta.

Si este desafortunado impase en la frontera, más allá de sus causas, no ha agilizado la toma de decisiones con respecto a las medidas urgentes que debe adoptar nuestro país para dar fin a esta relación de dependencia, entonces no ha pasado nada, seguiremos sometidos al vaivén de la situación política de nuestro vecino y seguramente a las pataletas de Maduro. Es urgente que el gobierno empodere al empresario, facilite las condiciones logísticas, la infraestructura requerida y reforme nuestra estructura productiva. La diplomacia entre países vecinos es un buen comienzo, pero hace mucho rato se le agotó el tiempo al gobierno para determinar medidas que nos lleven a mirar y a atraer nuevos horizontes comerciales.

 

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Cordialmente,
Maria del Mar Montes Velásquez
Directora Editorial El Indicador

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